Ayer me preguntaron, al final de una charla junto a los alumnos y compañeros de mi querida Universidad Pontificia, cuáles eran mis nuevas lecturas en estos días y, de pronto, me di cuenta de hasta qué punto no estoy leyendo nada nuevo durante esta cuarentena. Es más, reflexionando para contestar a la pregunta, fui consciente de que este diario lo es de relecturas salvo cuando se enfrenta a la realidad. 

Solo más tarde ya, llegué a ser del todo consciente de que no solo no he sido capaz de leer nada nuevo estos días, sino de que me veo necesitada como nunca de acudir a lo conocido, a las palabras auténticas y que ya tengo contrastadas desde tiempo atrás, como ocurre con los buenos amigos. Por eso, probablemente en estos días han aparecido muchos de mis escritores de cabecera. No son todos los que están, pero sí que todos los que están lo son.

Todos deseamos si tenemos que pasar una cuarentena, hacerlo con nuestros seres queridos, ya sean familiares o amigos. También yo he buscado estos dí...

He de confesar que cuando escucho hablar a los gobernantes y a los grandes líderes políticos, pierdo la esperanza de que vaya a cambiar algo tras este paréntesis de varias semanas –meses quizás– que vamos a pasar en situación de cuarentena. Hay quienes ya se están preocupando más por la economía que por la salud, lo que, a mi entender, implica que estos la salud, al menos la mental, hace tiempo que la perdieron. Por otra parte, el paisaje que empieza a entreverse anticipa una situación económica alarmante. Cuando esto se dé, mucho me temo que la solidaridad internacional va a ser más escasa que la nieve en la playa.

Esta va a ser una de las consecuencias de la cuarentena. Como escritora, soy consciente de la importancia del uso de las palabras en este momento, Nunca podré dejar de estar segura de que siempre hay algo que podemos hacer, aunque sea a pequeña escala. La comunicación puede servir para esto, para tender puentes cuando el espacio es demasiado grande para abordarlo de un...

Se llama Ana Cristina Herreros y, además de escritora y editora, es especialista en los cuentos y la tradición oral africana. Sin embargo, yo la traigo hoy a este diario por una entrevista que le hace Javier Sánchez Salcedo en el número de este mes de abril de la revista Mundo Negro. Me llamó esta frase que abría la entrevista: “Todos los cuentos hablan de los cuidados”. En un momento como el que vivimos, no podía pasar desapercibido lo acertado del titular de la entrevista.

Tuve de leer las tres páginas de entrevista hasta llegar al desarrollo de las palabras que habían sido condensadas en el inicio. Ante la pregunta del entrevistador de si los cuentos africanos son diferentes a los nuestros, la autora responde lo siguiente: “Son idénticos a los que contamos en todas partes. Todos hablan de lo importante que es el cuidado, el apoyo del clan, del pueblo, el apoyo familiar, de que estar juntos es la manera de sobrevivir”. Es tan simple y tan sencillo que no entiendo cómo lo hem...

He hablado en este diario de los seres queridos y de las mascotas, pero aún no he hablado directamente de quien creo que es más importante: uno mismo. Pienso que nuestro rechazo a la cuarentena se debe, en gran medida, a que nos encierra y nos obliga a estar a solas con nosotros mismos, o con quienes vivimos habitualmente, que es otro modo de estar con nosotros mismos. Si por algo se caracteriza la sociedad actual, la anterior a la cuarentena -esperemos-, es por su falta de paciencia, de sosiego, de serenidad. La espera y la paciencia, creo haberlo señalado ya, me parecen más propias de los gatos que me rodean, que de nuestra especie.

De igual manera, tememos el aislamiento porque, a pesar de que pueda ser lo que nos salva, nos impide salir corriendo. Es la razón frente al instinto; la cultura y la civilización frente al miedo depositado estratigráficamente en nuestro ADN, generación tras generación, durante aquellos cientos de miles de años en los que la especie solo vagaba a tientas e...

16 Apr 2020

Hay muchos modos de definirnos como somos. Somos, por ejemplo, nuestras lecturas. Somos también los países que hemos visitado y las sensaciones que en cada uno de ellos se han ido incrustando en nuestra alma. Somos la edad que tenemos y lo que hemos logrado aprender en los años que hemos vivido. Pero también somos, muchas veces, las personas a las que hemos amado. También aquellas a las que hemos hecho daño. Si no lo somos en esta vida, lo seremos en otra venidera. 

Jorge Volpi, hablando de su padre, que era médico, señala cuánto compartió con él, cómo muchas cosas que le definen le asemejan a él, aunque el autor haya visto más ciudades, exposiciones, películas y series de televisión que su padre. Sin embargo, señala algo importante que le diferencia de su padre, porque “ni de cerca –concluye la comparación– he sido testigo de las infinitas variedades de dolor que él contempló de cerca, día tras días, por tantos años”.

Si hubiéramos de definir a nuestra sociedad hoy, yo diría que somos e...

Hablaba ayer con un familiar que me decía lo mal que lleva el confinamiento porque requiere estar luchando en todo momento contra la desidia y la tendencia a dejarse estar. Yo también, lo reconozco, algunas mañanas, pese a haber descansado, encuentro mi energía descolocada, y como tirada por el suelo al amanecer. Me hallo de nuevo, apenas levantada, en este teatrillo al que nos relega la cuarentena y me siento reptar por las horas entre unas tareas y otras. 

A veces pareciera que quien escribe convoca luego aquello de lo que habla. Solo hace unos días que este diario mostraba algunas de mis reflexiones haciendo uso de conceptos como la paciencia y la espera. Ayer, leyendo un bellísimo libro, para quien guste de la jardinería, del filósofo Byung-Chul Han, Loa a la tierra. Un viaje al jardín, doy con esta frase en la que me reconozco: “Durante mi trabajo en el jardín me he enriquecido de tiempo. El jardín para el que se trabaja devuelve mucho. Me da ser y tiempo. La espera incierta, la pa...

Nunca había mirado tanto al cielo como durante esta cuarentena. Ha escrito Karmelo Iribarren que “una sola nube basta/ para que el sol desaparezca.// Deberíamos/ tomar nota”. Lo que me sorprende de este símil aplicado a la situación actual es que ya hemos tomado nota, es decir, que los ciudadanos se están comportando de manera adecuada y, gracias a la cuarentena, podemos también comprobar cómo de sencillo–otra cosa es que exija un esfuerzo grande– es hacer que vuelva a aparecer el sol. 

Tal vez no sea un sol radiante desde el primer día, de ahí que, de cara al futuro, y dado por supuesto que la salud nos acompañe a nosotros y a nuestros seres queridos, dos son las preocupaciones de todos: por un lado, la económica; cómo nos afectará directa e indirectamente a cada uno la crisis posterior a la cuarentena. Creo que tendremos que demostrar generosidad y solidaridad, principalmente, quienes salgan menos perjudicados y hacer de “tutores” para permitir el crecimiento de los más...

No hay mejor catequista que Lucas cuando relata el encuentro de Emaús (Lc 24, 13-35). Aquel momento que, para los cristianos, tuvo la promesa de la abundancia. Cuando la cuarentena se levante y volvamos a la vida normal… ¿nos reconoceremos unos a otros?; ¿se dará un Emaús entonces y arderá nuestro corazón cuando volvamos a encontrar a los amigos? O, por el contrario, ¿volveremos a pasar de largo ante nuestros semejantes como hacíamos antes de que la cuarentena nos mostrara sus fauces? Emaús fue en realidad un reencuentro. Escribirá Juan años más tarde: “Lo acompañaron, vieron donde vivía y se quedaron aquel día con él, serían las cuatro de la tarde” (Jn 1, 39). 

Por cierto, y ya que hoy es 14 de abril, y hablamos de catequistas y encuentros (y reencuentros), escribe José Manuel Hernández en su “In memoriam. Fructuoso Mangas Ramos”, que los catequistas –en la parroquia de la Purísima–“llegaron al centenar”. Pero eso es humilde modestia que no explicita que, si bien en...

Ayer, Domingo de Resurrección, los aplausos adoptaron una forma aún más épica, si cabe, y dejaron espacio a las caricias sonoras de nuestras campanas, que se unieron al apoyo y al reconocimiento tanto de los que sufren estos días, como de los que les ayudan. Por lo demás, aun con toda la alegría que un día como hoy supone para el creyente, continúo añorando a los que ya no están con nosotros. Pareciera que la imposibilidad del duelo evitase cicatrizar las heridas. Hoy ha sido Cernuda quien la abre de nuevo: “Así olvidaste,/ amando su existir, temer su muerte”.

Y hablando de amor, decía Gabriel Zaid, en uno de sus juegos de palabras, que en los inicios del Cristianismo “lo esencial era el amor, no la ascética que fue haciendo del éxito una nueva religión”. Creo que estos días de la cuarentena desprenden algo de cristianismo primitivo, si no en relación al amor, sí en cuanto a algunos de sus aspectos como el compartir ratos de balcón, hablar con los prójimos y hasta ay...

Como todas las mañanas, Fernando acaba de alimentar a los gatos y a los pájaros. Los gestos más nimios parecen heroicos en el contexto adecuado; muchas veces el fondo dota del mayor sentido a lo que está en un primer plano. Hoy no es un día cualquiera, ni siquiera en medio de esta rutina de chicle que se estira periódicamente. “Es invierno en la mirada. Es ceniza cansada,/ Gólgota del hambre y musgo ajado sobre el aire”. 

Hay una oquedad opaca pero esencial en la historia del Cristianismo que es la razón de ser del Sábado Santo y constituye asimismo la esencia de esta cuarentena. Jesús Montiel se ha referido a la espera con estas palabras: “Hay una espera para cada persona. Cada uno cuenta con su propia espera, como un traje hecho a medida. […] La espera crea el hilo de la Historia, su ingobernable continuidad. Si rastreamos cualquier biografía encontraremos un rosario de esperanzas”. Así tanto en la biografía de los discípulos de Jesús como en la nuestra hoy. 

Hace ya mucho tiempo escri...

Como tradición hogareña mantenida en la familia desde hace décadas; como sagrada costumbre que la cuarentena no se atreve a rozar; como principal necesidad en este Viernes Santo, la Pasión según san Mateo se ha escuchado por toda la casa a lo largo del día. Venero inagotable de espiritualidad, la música de Juan Sebastian Bach me acompaña desde niña y contribuye hoy a reforzar mi voluntario aislamiento –como lo fuera para Montaigne su torreón forrado de libros– cuando el mundo hostil se siente cercano, como ocurre en estos días.

Que de todas sus cantatas solo una fuese publicada en vida, o que su figura musical tuviera que esperar durante más de un siglo desde su muerte hasta ser recuperada por el melómano siglo XIX, refleja lo transitorio que es el presente en cualquier época, ante el implacable juicio del tiempo venidero. Escuchando esta música se siente lo certero del verso de Juan Antonio González Iglesias que proclama que “el verdadero don no es la musc...

Son demasiados días escribiendo este diario como para que no se acaben filtrando entre sus muros los temas esenciales que, no por pretender obviarlos, conseguimos eludirlos. “A veces creo que el Dolor es la única verdad”, escribió Oscar Wildeen la que quizás fue su obra más difícil de escribir, De profundis. Allí mismo reiteraba: “el secreto de la vida es el Sufrimiento”, y esas mayúsculas, en la traducción del gran poeta José Emilio Pacheco, hacían hincapié en la capacidad vertebradora de ambos términos en una vida humana. 

Evocar esto en medio de la cuarentena y en vísperas de un Viernes Santo no es sino hacernos eco de una de las oraciones más desgarradoramente agónicas que he leído en mi vida, y que citan explícitamente Marcos (14, 34) y Mateo (26, 38) en la versión de Schökel y Mateos –¡qué importante cómo se escancian las palabras del odre a la jarra!– y que dice: “Me muero de tristeza”.

Cuenta Homero (versión Maciá Aparicio y de la Villa Polo) en la I...

Los grandes autores siempre ofrecen una lectura actual de sus palabras y, aunque no siempre uno esté de acuerdo, nunca te dejan indiferente. Es el caso del novelista italiano Cesare Pavese y su diario publicado bajo el título El oficio de vivir. Es una relectura siempre agradabilísima pero especialmente sabrosa estas tardes de cuarentena primaveral. Varias son las anotaciones suyas que darían para debatir en el marco de esta cuarentena.

Por ejemplo, el tema del sufrimiento y la muerte, que se hallan muy presentes en su diario e incluso en su propia vida. De hecho hay párrafos difíciles de leer, y con muchos de ellos no estoy de acuerdo. Pavese no debió de tener una vida fácil; fue un hombre al que, me atrevería a decir, solo los libros le otorgaron estabilidad en su andadura vital y, desde esta perspectiva, a pocas obras como a El oficio de vivir se puede uno referir con es verso de la poeta extremeña Ada Salas que dice: “hay libros que se escriben sobre la carne misma”....

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  EL DESCANSO DE LA HERIDA

(Poética)

La Palabra como un ciervo de agua,

como un pecho blanco en que anidar

el cansancio infinito de las alas.

Porque en sus aves no tiene nombre la tristeza.