Lo he contado alguna vez. Cuando niña mis padres nos hacían memorizar libros a los cinco hijos ofreciéndonos premios. Así aprendí, hasta hoy, La vida es sueño, de Calderón. La cárcel en que Segismundo estuvo bien podría ser reflejo de nuestra cuarentena. En ella Segismundo monologa; también yo, de algún modo, lo hago en este diario. De ella, como de la cuarentena, así como del peor de los sueños, se sale. Tarde o temprano llega el amanecer.

No ha habido un soñador mayor que Don Quijote, pues no llegó a despertar sino para morir, que es como hacerlo para volver a dormirse y seguir soñando. Sin embargo, el sueño de Don Quijote, al igual que el de Segismundo y el de tantos otros, les sitúan –como al sufrido condenado por esta cuarentena– frente a la realidad que habitan, permitiéndole aceptarla o resistirse a ella.

Un día podremos parafrasear a la inversa a Monterroso y decir que, al despertar, la cuarentena ya no estaba allí. Ocurrirá. Aunque… esperemos que no nos suceda como a S...

Como a nadie, a mí tampoco me gustan las despedidas, por eso, lo diré hoy: mañana será el día cuarenta y finalizará este ejercicio de esperanza poética que he titulado Diario de una cuarentena. Dicho hoy este leve adiós, irreal, pues seguiremos hablándonos y escribiéndonos y escuchándonos, el último día podremos dedicarnos, como siempre, a escribir y leer, sin más, este diario. De este modo mañana jueves 23 de abril no acaba, sino que comienza el verdadero y real ejercicio de resistencia quijotesca contra este encierro kafkiano y, en ocasiones, borgiano por lo que tiene de tentación a evadirnos de él de cualquier modo válido, en especial con la literatura.

“Yo creí, durante años, –escribe Borges– haberme criado en un suburbio de Buenos Aires, un suburbio de calles aventuradas y de ocasos visibles. Lo cierto es que me crie en un jardín, detrás de una verja con lanzas, y en una biblioteca de ilimitados libros ingleses. […] quienes poblaron mis mañanas y dieron agradable horror a mis...

Ayer me preguntaron, al final de una charla junto a los alumnos y compañeros de mi querida Universidad Pontificia, cuáles eran mis nuevas lecturas en estos días y, de pronto, me di cuenta de hasta qué punto no estoy leyendo nada nuevo durante esta cuarentena. Es más, reflexionando para contestar a la pregunta, fui consciente de que este diario lo es de relecturas salvo cuando se enfrenta a la realidad. 

Solo más tarde ya, llegué a ser del todo consciente de que no solo no he sido capaz de leer nada nuevo estos días, sino de que me veo necesitada como nunca de acudir a lo conocido, a las palabras auténticas y que ya tengo contrastadas desde tiempo atrás, como ocurre con los buenos amigos. Por eso, probablemente en estos días han aparecido muchos de mis escritores de cabecera. No son todos los que están, pero sí que todos los que están lo son.

Todos deseamos si tenemos que pasar una cuarentena, hacerlo con nuestros seres queridos, ya sean familiares o amigos. También yo he buscado estos dí...

He de confesar que cuando escucho hablar a los gobernantes y a los grandes líderes políticos, pierdo la esperanza de que vaya a cambiar algo tras este paréntesis de varias semanas –meses quizás– que vamos a pasar en situación de cuarentena. Hay quienes ya se están preocupando más por la economía que por la salud, lo que, a mi entender, implica que estos la salud, al menos la mental, hace tiempo que la perdieron. Por otra parte, el paisaje que empieza a entreverse anticipa una situación económica alarmante. Cuando esto se dé, mucho me temo que la solidaridad internacional va a ser más escasa que la nieve en la playa.

Esta va a ser una de las consecuencias de la cuarentena. Como escritora, soy consciente de la importancia del uso de las palabras en este momento, Nunca podré dejar de estar segura de que siempre hay algo que podemos hacer, aunque sea a pequeña escala. La comunicación puede servir para esto, para tender puentes cuando el espacio es demasiado grande para abordarlo de un...

Se llama Ana Cristina Herreros y, además de escritora y editora, es especialista en los cuentos y la tradición oral africana. Sin embargo, yo la traigo hoy a este diario por una entrevista que le hace Javier Sánchez Salcedo en el número de este mes de abril de la revista Mundo Negro. Me llamó esta frase que abría la entrevista: “Todos los cuentos hablan de los cuidados”. En un momento como el que vivimos, no podía pasar desapercibido lo acertado del titular de la entrevista.

Tuve de leer las tres páginas de entrevista hasta llegar al desarrollo de las palabras que habían sido condensadas en el inicio. Ante la pregunta del entrevistador de si los cuentos africanos son diferentes a los nuestros, la autora responde lo siguiente: “Son idénticos a los que contamos en todas partes. Todos hablan de lo importante que es el cuidado, el apoyo del clan, del pueblo, el apoyo familiar, de que estar juntos es la manera de sobrevivir”. Es tan simple y tan sencillo que no entiendo cómo lo hem...

He hablado en este diario de los seres queridos y de las mascotas, pero aún no he hablado directamente de quien creo que es más importante: uno mismo. Pienso que nuestro rechazo a la cuarentena se debe, en gran medida, a que nos encierra y nos obliga a estar a solas con nosotros mismos, o con quienes vivimos habitualmente, que es otro modo de estar con nosotros mismos. Si por algo se caracteriza la sociedad actual, la anterior a la cuarentena -esperemos-, es por su falta de paciencia, de sosiego, de serenidad. La espera y la paciencia, creo haberlo señalado ya, me parecen más propias de los gatos que me rodean, que de nuestra especie.

De igual manera, tememos el aislamiento porque, a pesar de que pueda ser lo que nos salva, nos impide salir corriendo. Es la razón frente al instinto; la cultura y la civilización frente al miedo depositado estratigráficamente en nuestro ADN, generación tras generación, durante aquellos cientos de miles de años en los que la especie solo vagaba a tientas e...

16 Apr 2020

Hay muchos modos de definirnos como somos. Somos, por ejemplo, nuestras lecturas. Somos también los países que hemos visitado y las sensaciones que en cada uno de ellos se han ido incrustando en nuestra alma. Somos la edad que tenemos y lo que hemos logrado aprender en los años que hemos vivido. Pero también somos, muchas veces, las personas a las que hemos amado. También aquellas a las que hemos hecho daño. Si no lo somos en esta vida, lo seremos en otra venidera. 

Jorge Volpi, hablando de su padre, que era médico, señala cuánto compartió con él, cómo muchas cosas que le definen le asemejan a él, aunque el autor haya visto más ciudades, exposiciones, películas y series de televisión que su padre. Sin embargo, señala algo importante que le diferencia de su padre, porque “ni de cerca –concluye la comparación– he sido testigo de las infinitas variedades de dolor que él contempló de cerca, día tras días, por tantos años”.

Si hubiéramos de definir a nuestra sociedad hoy, yo diría que somos e...

Hablaba ayer con un familiar que me decía lo mal que lleva el confinamiento porque requiere estar luchando en todo momento contra la desidia y la tendencia a dejarse estar. Yo también, lo reconozco, algunas mañanas, pese a haber descansado, encuentro mi energía descolocada, y como tirada por el suelo al amanecer. Me hallo de nuevo, apenas levantada, en este teatrillo al que nos relega la cuarentena y me siento reptar por las horas entre unas tareas y otras. 

A veces pareciera que quien escribe convoca luego aquello de lo que habla. Solo hace unos días que este diario mostraba algunas de mis reflexiones haciendo uso de conceptos como la paciencia y la espera. Ayer, leyendo un bellísimo libro, para quien guste de la jardinería, del filósofo Byung-Chul Han, Loa a la tierra. Un viaje al jardín, doy con esta frase en la que me reconozco: “Durante mi trabajo en el jardín me he enriquecido de tiempo. El jardín para el que se trabaja devuelve mucho. Me da ser y tiempo. La espera incierta, la pa...

Nunca había mirado tanto al cielo como durante esta cuarentena. Ha escrito Karmelo Iribarren que “una sola nube basta/ para que el sol desaparezca.// Deberíamos/ tomar nota”. Lo que me sorprende de este símil aplicado a la situación actual es que ya hemos tomado nota, es decir, que los ciudadanos se están comportando de manera adecuada y, gracias a la cuarentena, podemos también comprobar cómo de sencillo–otra cosa es que exija un esfuerzo grande– es hacer que vuelva a aparecer el sol. 

Tal vez no sea un sol radiante desde el primer día, de ahí que, de cara al futuro, y dado por supuesto que la salud nos acompañe a nosotros y a nuestros seres queridos, dos son las preocupaciones de todos: por un lado, la económica; cómo nos afectará directa e indirectamente a cada uno la crisis posterior a la cuarentena. Creo que tendremos que demostrar generosidad y solidaridad, principalmente, quienes salgan menos perjudicados y hacer de “tutores” para permitir el crecimiento de los más...

No hay mejor catequista que Lucas cuando relata el encuentro de Emaús (Lc 24, 13-35). Aquel momento que, para los cristianos, tuvo la promesa de la abundancia. Cuando la cuarentena se levante y volvamos a la vida normal… ¿nos reconoceremos unos a otros?; ¿se dará un Emaús entonces y arderá nuestro corazón cuando volvamos a encontrar a los amigos? O, por el contrario, ¿volveremos a pasar de largo ante nuestros semejantes como hacíamos antes de que la cuarentena nos mostrara sus fauces? Emaús fue en realidad un reencuentro. Escribirá Juan años más tarde: “Lo acompañaron, vieron donde vivía y se quedaron aquel día con él, serían las cuatro de la tarde” (Jn 1, 39). 

Por cierto, y ya que hoy es 14 de abril, y hablamos de catequistas y encuentros (y reencuentros), escribe José Manuel Hernández en su “In memoriam. Fructuoso Mangas Ramos”, que los catequistas –en la parroquia de la Purísima–“llegaron al centenar”. Pero eso es humilde modestia que no explicita que, si bien en...

Ayer, Domingo de Resurrección, los aplausos adoptaron una forma aún más épica, si cabe, y dejaron espacio a las caricias sonoras de nuestras campanas, que se unieron al apoyo y al reconocimiento tanto de los que sufren estos días, como de los que les ayudan. Por lo demás, aun con toda la alegría que un día como hoy supone para el creyente, continúo añorando a los que ya no están con nosotros. Pareciera que la imposibilidad del duelo evitase cicatrizar las heridas. Hoy ha sido Cernuda quien la abre de nuevo: “Así olvidaste,/ amando su existir, temer su muerte”.

Y hablando de amor, decía Gabriel Zaid, en uno de sus juegos de palabras, que en los inicios del Cristianismo “lo esencial era el amor, no la ascética que fue haciendo del éxito una nueva religión”. Creo que estos días de la cuarentena desprenden algo de cristianismo primitivo, si no en relación al amor, sí en cuanto a algunos de sus aspectos como el compartir ratos de balcón, hablar con los prójimos y hasta ay...

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  EL DESCANSO DE LA HERIDA

(Poética)

La Palabra como un ciervo de agua,

como un pecho blanco en que anidar

el cansancio infinito de las alas.

Porque en sus aves no tiene nombre la tristeza.