MIS LIBROS

ACORDE

de Asunción Escribano

X Premio de poesía Fray Luis de León, 2014

Reseña de José Enrique Martínez en el Filandón del Diario de León

Reseña de Francisco Javier Irazoki en El Cultural de El Mundo

Reseña de José Manuel Ferreira Cunquero en jmferreiracunquero.blogspot.com.es

Reseña de Antonio Praena en elatril.dominicos.org

​​​Son cuatro los poemarios de la salmantina Asunción Escribano: La disolución (2001), Metamorfosis (2004), Hebra y sutura (2012) y este Acorde premiado al que me voy a referir.

Al leer la poesía de Escribano, las primeras palabras que me vienen a la pluma son adjetivos como tenue, delicada, callada, clara, limpia, transparente... Son calificativos que aluden tanto a la palabra como a los sentimientos. Todo parece discurrir con la levedad de la luz resbalando sobre las cosas. Es la luz que se levanta con la mañana, que da comienzo a la mayoría de los poemas; la luz que despierta la mirada, el viento que emite susurros en las copas de los árboles, los pájaros que saludan con su intenso cantar, las campanas que suenan a lo lejos... Todo parece revestir de delicada levedad esta poesía que, sin embargo, resulta intensa de sentimientos y reveladora de una sensibilidad exquisita, abierta al asombro de la belleza, una belleza externa que parece signo de otra interior que anida en una intimidad sensible, contemplativa y emotiva. En ella percuten la luz y los sonidos, que a veces adensan la nostalgia de un tiempo de infancia apenas sugerido. Es en ese ámbito privado donde se muestra el gozo del mundo poetizado, el gozo de ver y de sentir, no como rotunda afirmación, sino con tono de íntimo temblor. La poeta canta el instante de belleza que rebosa el amanecer, la luz o el alboroto de los pájaros: ese momento «infinito, único y doliente», ese minuto en que «arde intensa la mañana» y que la poeta remonta al origen del mundo. El momento de la luz abriéndose en el horizonte, el momento en que se alza la mañana es el cantado insistentemente por la poeta, probablemente porque siempre ha representado el renacer, un renacer que puede remontarse a la creación del mundo, renovada en cada amanecer: «El mundo huele ahora a recién hecho», apunta la poeta. Acaso no haya mejor signo del gozo de la luz naciente que el recibimiento que le hacen los pájaros con su alborotado canto y su batir de alas, una «sinfonía de alas en el aire». El libro termina deseando que el gozo perdure: «Que a este universo fúlgido y hermoso / el júbilo lo sostenga para siempre».

La lectura de la poesía de Escribano infunde alegría de vivir. Nos hace sentir la belleza de lo leve, percibir «la cantidad de amor inmensa / que puede contener algo pequeño» y el acorde -como quiere el título- del sentir y del decir entre otras posibles armonías acaso más profundas.

José Enrique Martínez
 

 

Booktrailer del poemario "Acorde", X Premio Fray Luis de León, publicado por la editorial Visor

SALMOS DE LA LLUVIA

de Asunción Escribano

Finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León, 2018.

Reseña de José Enrique Martínez en el Filandón del Diario de León

Reseña de José Luis Puerto en Salamancartvaldía.es

Reseña de José Luis Puerto en El Norte de Castilla

Reseña de José Luis Puerto en Astorga Redacción

Reseña de Arturo Tendero en "El mundanal ruido"

A lo largo de sus últimas entregas poéticas, la palabra de la escritora y profesora salmantina Asunción Escribano está recorriendo unos caminos de espiritualidad luminosa, a través de una palabra clara y musical, transparente y marcada por una gran fluidez.

Es lo que ocurre también en su última obra poética, ‘Salmos de la lluvia’, que acaba de aparecer hace unas semanas en el sello madrileño de Vaso Roto Ediciones (Vaso Roto Poesía nº 126, Madrid, 2018).

Estamos ante un libro muy maduro, fruto de un dilatado y positivo itinerario poético de la autora, al tiempo que luminoso y hondo a un tiempo. Es una verdadera celebración del existir en un cosmos encantado, donde todo, si sabemos descubrirlo y contemplarlo, nos transmite significaciones que nos llevan a ese júbilo o cántico que atraviesa la obra.

En este sentido –utilizando un término muy querido para el poeta zamorano Claudio Rodríguez, a cuya estirpe podemos adscribir esta obra de Asunción Escribano, como es el concepto de ‘ebriedad’–, ‘Salmos de la lluvia’ es una obra atravesada por la ebriedad, por una celebración gozosa del existir (de la autora y de todos), cuando se está en sintonía con todo lo creado.

El libro está atravesado y recorrido por un lenguaje tomado del ámbito religioso que articula el decir poemático. Así, términos como ‘salmos’, ‘santuario’, ‘custodia’, ‘plegaria’ y otros por el estilo, nos llevan a una intuición que, en ocasiones, ha tenido la poesía de ser continuadora y una verdadera pervivencia entre nosotros de los lenguajes sagrados.

Hay huellas bíblicas en ocasiones. Pero, sobre todo, hay un fervor y un arrobamiento ante el mundo, que se expresa a través de conceptos (algunos de ellos le sirven a la autora para titular poemas) como ‘relámpago’, entusiasmo’, ‘armonía’, ‘vértigo’… que nos llevan hacia esa ‘alegría’ de la celebración, que atraviesa este libro de principio a fin.

El yo poético, el ser poético contempla y celebra el mundo, el cosmos, la luz, lo celeste, los pájaros, la naturaleza, el transcurso o tránsito del verano al invierno… y nos hace partícipes a los lectores de tal celebración, a través siempre de una palabra musical, clara, diáfana, limpia, atravesada por el júbilo.

De ahí que, necesariamente, tal fluir verbal, celebrativo y jubiloso haya de desembocar en “Lo sagrado”, poema que remata y culmina estos ‘Salmos de la lluvia’. Porque también podemos entender este libro como una verdadera cartografía de lo sagrado. Pues es un canto de aceptación del mundo y de entrega a él; un canto de comprensión abarcadora, de vinculación con una creación que es cosmos, si sabemos mirar, como hace la autora, si sabemos percibir la maravilla del mundo, de la creación, como una totalidad a la que pertenecemos y de la que formamos parte.

No es frecuente leer, en este tiempo, marcado por tantas turbulencias, un libro de poesía tan hermoso, tan a contracorriente. Pues esta palabra, marcada por la luz y por el júbilo, pretende salvarnos de tantas intemperies y orfandades como padecemos, así como protegernos y sanarnos en la casa de la palabra.

José Luis Puerto