Testimonio

June 25, 2016

El poeta a veces, solo a veces, tiene las respuestas. Pero la pregunta siempre hace danzar al pensamiento y a las palabras, daña la lógica de todo, cuestiona la verdad de lo establecido. Por eso, la poesía pertenece al reino blando de la duda, y los poetas siempre son gustosamente heridos por sus dardos.

El poeta desciende hacia el misterio, y se empapa de su mengua. Después solo silencio. La duda no se resuelve desde la razón, no se puede ofrecer, como anillo de diamante contenido en un cofre, la respuesta. Entonces solo sale al encuentro la certeza de lo que no puede ser negado.

“Qué bonita la vida” canta Dani Martín, pero añade “que da todo de golpe y luego te lo quita”. O como titula ediciones Universidad de Salamanca su antología del Premio Reina Sofía de  Poesía Iberoamericana a Ida Vitale, Todo de pronto es nada.

También Jesús Montiel pone nombre al mundo: Belleza. En su poema “Testimonio” inicia el proceso una pregunta, la de su hijo, el enviado que dispersa las semillas de lo cierto, y vuelve todo humo: “No tengo para todo una respuesta”…

La salida está siempre en la posibilidad de abrir una puerta nueva: “pero mira qué hermosa/ pese al hombre la vida, y cómo nos reclama”. Entonces la escritura fija el sello. Ese sello que el más fuerte que la propia muerte cuando se coloca en el corazón.

 

Testimonio

 

Hay veces que he tenido una respuesta.

 

Esos días muy raros suelo andar satisfecho

con ella de la mano,

feliz como quien vive sin los bancos.

 

Ocurre sin embargo que esas veces

un ángel se me acerca

en la voz de mi hijo y me pregunta:

Adonde los que mueren

o quién ha introducido en este mundo la sombra,

por qué en los noticiarios los hombres se disparan.

 

Entonces vuelvo a ser perplejidad.

 

Y juro que quisiera confesarle

después de haberle dicho algo aprendido:

 

No tengo para todo una respuesta,

pero mira qué hermosa

pese al hombre la vida, y cómo nos reclama.

 

Ya llevo mucho escrito tratando de aprenderme su belleza.

 

 

Jesús Montiel, Memoria de pájaro, Madrid, Hiperión, 2016.

 

 

 

Please reload