Poesía en África

April 9, 2019

Hace años que surgió en Chicago la denominada poesía de suburbio (slam poetry) como un movimiento de práctica de la poesía rebelde con el entorno social y, de la mano del jazz en cuyos clubes o cabarets comenzó entonces, ha ido derivando hacia una fusión con el hiphop que hoy ya es una manifestación cultural característica en muchos lugares. Leo ahora sobre esto en el artículo “Slam Poetry: la poesía social que atrapa”, publicado en la revista Mundo Negro por Sebastián Ruiz-Cabrera, un buen conocedor de la realidad mediática africana, y me llama la atención la vitalidad que ha adquirido este género en diferentes países del continente africano en los últimos años, así como la forma de modo de protesta que, inevitablemente, está consiguiendo tomar.[1]

El ganador del primer certamen de lo que se ha denominado la Copa Africana de Slam Poetry (ACSP) ha sido un senegalés de nombre Abdourahmane Dabo (o Al Fàruq) que ha conseguido hacerse con los 762 euros de un premio en el que competían artistas de más de 20 países africanos. Salvando las diferencias con los premios de nuestro país, me gusta pensar que la poesía pueda ser más un modo de expresión que una escalera por la que trepar en la hiedra cultural que cubre nuestra sociedad. Y, como profesora de comunicación, en contacto con jóvenes a los que invito a comunicarse en público todos los días, me alegra leer a Ruiz-Cabrera cuando señala que este fenómeno está sirviendo en África para mostrar “la poesía como lugar para el conflicto cultural” y que “los jóvenes están cada vez más interesados en esta forma de hablar en público”.

Nada nuevo bajo el sol, podría decirse (la poesía social existe desde siempre), de no ser porque hace tan solo unos días hablé en este blog de la poesía como esperanza para la construcción europea (BHL dixit) y que ahora en África también se haga uso –a su manera– de la poesía como instrumento de cambio y esperanza por parte de los más jóvenes me hace pensar en una necesidad más global y generalizada.

Hace muchos años que un joven Jiménez Lozano escribió en Madrid un poema titulado, precisamente, “Suburbio” en el que podía leerse esta idea, breve como un haiku: “Casas de cartón y barro,/ muchas de ellas sin lumbre;/ pero luna en los charcos./ Arrabal de plata y hambre.”[2] Aunque el escritor no hablaba del África actual, en el ojo de los saqueadores de minerales, a la luz de estos versos y del artículo de Mundo Negro, no puedo por menos que desear que la poesía llegue a ser un espacio donde se pueda mirar la realidad de manera diferente, y que también pueda servir para transformar todo aquello que miramos y no nos gusta. 

 

 

 

[1] Mundo Negro, diciembre 2018, pp. 48-50.

 

[2] José Jiménez Lozano, Impresiones provinciales. Cuadernos 2010-2014. Coonfluencias, 2015, p. 100.

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