Diario de la cuarentena. Día 7

March 21, 2020

Cuando de niños jugábamos a pillarnos unos a otros, había unos lugares predeterminados de antemano en los que, al llegar, decíamos: “¡Casa!”, y automáticamente estábamos salvados, mientras permaneciéramos allí. Me lo recuerda Josep Maria Esquirol en La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Pocas veces un libro me ha hablado tan lúcidamente del presente. Esperaba en mi mesa, en el grupo de los “pendientes de leer” desde hace unos meses, y esta semana, justo esta semana, ha visto llegar su turno. La lectura, por momentos, me sirve de “casa”, como el seto boscoso al petirrojo.

También hablaba José Luis Puerto del origen de este espacio sagrado (en definitiva, estamos hablando de la poesía también) en su precioso libro Trazar la Salvaguarda. La salvaguarda es en su origen el espacio en torno a las Iglesias que servía como refugio. En los tiempos en los que lo sagrado estaba por encima de todo, allí se paraban las guerras, se detenían los puñales, se apartaba la violencia. Ignoro qué tregua son capaces de respetar hoy los virus; ni siquiera sé si ellos saben de cosas sagradas…

La salvaguarda es, además, el claro del bosque al que se refería María Zambrano: “un centro en el que no siempre es posible entrar”, pero que es necesario y fundamental habitar en tiempos de crisis para poder resguardar lo más íntimo y esencial de cada uno de nosotros. De hecho, como escribió la propia María Zambrano: “sobreviene la angustia cuando se pierde el centro”. ¡Qué difícil resulta mantener el equilibrio físico y emocional, propio y de los nuestros, en estos momentos! ¡Qué difícil, pero también cuán necesario hallar nuestro centro -hoy que el mundo parece no tenerlo-, necesario para poder seguir viviendo cuando todo esto haya pasado! De este viaje largo, que va pareciendo ya de siglos, tengo la convicción de que regresaremos todos más ancianos, y espero que también más sabios.

 

 

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