Diario de la cuarentena. Día 28

Como tradición hogareña mantenida en la familia desde hace décadas; como sagrada costumbre que la cuarentena no se atreve a rozar; como principal necesidad en este Viernes Santo, la Pasión según san Mateo se ha escuchado por toda la casa a lo largo del día. Venero inagotable de espiritualidad, la música de Juan Sebastian Bach me acompaña desde niña y contribuye hoy a reforzar mi voluntario aislamiento –como lo fuera para Montaigne su torreón forrado de libros– cuando el mundo hostil se siente cercano, como ocurre en estos días.

Que de todas sus cantatas solo una fuese publicada en vida, o que su figura musical tuviera que esperar durante más de un siglo desde su muerte hasta ser recuperada por el melómano siglo XIX, refleja lo transitorio que es el presente en cualquier época, ante el implacable juicio del tiempo venidero. Escuchando esta música se siente lo certero del verso de Juan Antonio González Iglesias que proclama que “el verdadero don no es la musculatura/ sino la voluntad”. Es esta una voluntad férrea, obligada en gran medida por una vida familiar que arrastró a Juan Sebastian Bach hacia el trabajo profesional de un modo obsesivo, y que recuerda al Unamuno articulista, agobiado también y hasta obsesionado por el dinero en una situación familiar y vital parecidas.

En 1727, un Viernes Santo también y, por si fuera poco, ¡un 11 de abril!, Bach estrenó la Pasión según san Mateo, aunque la siguió modificando y perfeccionando toda su vida. Ante ella el ritmo de vida –también el de nuestro cuerpo– se acompasa con el tiempo lento de la eternidad, frenando los hábitos que nos han llevado a donde estamos. El director de orquesta John Elliot Gardiner piensa que el compositor parece querernos decir: “Así es como podría vivirse el mundo: ahora id y vivirlo de ese modo”. Pocas reflexiones tan hermosas como ésta...

Háganme caso, por favor, tecleen en internet “Erbarme dich”, y escuchen cualquiera de sus versiones. Y díganme luego si el dolor de Pedro, arrepentido y perdonado, no puede partir en dos una vida y hasta transformar la historia de la humanidad. Aunque no sean creyentes, será un bálsamo de quietud en estos días que se alargan y cuyo final parece huir de nosotros hasta sacarnos ya, “según fuentes cercanas al Gobierno”, al menos un mes de ventaja.