Silencio (I)

La luz y el silencio intercambian sus propiedades cuando se dan las condiciones propicias para que esto suceda: “Calla su luz/ en la noche/ el almendro, // brilla el silencio.”[i] Con el silencio sucede igual que las campanas, que sin esperarlas horadan con su presencia la tela densa de las horas, y hacen del instante en que se aparecen un reflejo de lo eterno. El silencio inventa la música del mundo y también de las palabras. Es su cauce o su nido: “En medio del silencio/ el oído humano inventa una música”.[ii]

Con frecuencia volvemos de las palabras de los libros como volvemos de los viajes: con los ojos y la vida cargados de experiencias nuevas, de nuevos paisajes, de colores distintos, de proyectos inesperados. Tras el viaje del libro, ya sea de leerlo o escribirlo, siempre nos espera la posada. El silencio que acoge, recoge, y permite que lo leído se transforme en experiencia propia, en vida verdadera, que salte la valla que separa literatura y biografía particular. Así es también la literatura. Cada libro, un nuevo territorio, un horizonte desconocido, un camino, mirada, sentimiento inesperado… y todo ello necesita un espacio de acogida interior, un hueco, un cuenco o cauce en el que florecer. Al final de toda experiencia creadora o intelectual es necesario el fermento interior.

El silencio es el final del proceso de acercamiento a la palabra, el fin de cualquier proceso de lectura y de escritura. Es el espacio en blanco que permite el reposo y, con él la asimilación vital de lo aprendido en la lectura, de lo volcado o expuesto en la escritura. El silencio es también la realización final de la palabra. Tras la lectura nos espera la vida para realizar en ella lo leído. Tras la escritura y la lectura, nos aguarda el silencio que da fe la autenticidad de lo escrito. Porque siempre es el lector quien hace perdurable el texto y, como ha manifestado Modiano, “el lector sabe más de un libro que el propio autor”[iii]. Es el abono interior donde fermenta el sentido desde el que se genera una nueva lectura o la escritura de aquello sentido que cobra cuerpo a la luz de la lectura disfrutada y reflexiva. Buena parte de la literatura se halla en íntima relación con el silencio sea cual sea la faz que este adopte. Unas veces será el silencio reflexivo ante lo leído o lo vivido. Otras veces el silencio lo ocupa todo y se hace necesaria la palabra como forma de abrirse paso entre la niebla opaca con que el tiempo y los hombres oscurecen el presente.

[i] Alegre Heitzmann, Alfonso, El camino del alba, Barcelona, Tusquets, 20017. Ebook.

[ii] Adón, Pilar, Las órdenes, Madrid, La Vella Varsovia, 2018, p. 55.

[iii] Patrick Modiano, Discurso en la Academia Sueca. Barcelona: Anagrama, 2015, p. 11.